William Leite, Wiltonn, «El hombre libre y autónomo en Dios – por Baruch Spinoza», Círculo Spinoziano. Revista de Filosofía, no. 1, abril-agosto 2018, pp. 95-109.


El hombre libre y autónomo en Dios – por Baruch Spinoza

Wiltonn William Leite

Resumen: En este trabajo, se aclara, inicialmente, la idea de la existencia de una única sustancia absolutamente infinita. Cómo el hombre puede conocerla a través de una medicina de la mente –a través de una medicina del alma, que resulta en el conocimiento de las cosas por sus causas eficientes inmanentes: por sus causas adecuadas. En una perspectiva ética, se discute la importancia de este conocimiento adecuado para que el hombre, en cuanto en sí, persevere en su ser –preservando su conatus– en el encuentro –occursus– consigo mismo y con el otro. El estudio de esta relación de un hombre con el otro lleva a la conclusión que el hombre libre no es sino el autómata espiritual. El hombre libre es el esclavo necesario de Dios, aquel que, por conocer a Dios sive Natura, obedece activamente al que Dios ordena. Se concluye, analizando la importancia del hombre libre –el autómata espiritual– para la construcción de un comportamiento ético adecuado al siglo XXI en este mundo manifiesto existente, de relaciones interdependientes, absoluta y necesariamente determinadas, existente en acto.

Palabras clave: Libre Necesidad. Interdependencia Necesariamente Determinada. Razón Afectiva. Esculpir. Autómata Espiritual.

Abstract: In this paper, it is clarified initially the idea of ​​the existence of a single absolutely infinite substance. How man can know it with a medicine of the mind – by a soul medicine which results in knowledge of things by their immanent efficient causes: by their appropriate causes. An ethical perspective, discusses the importance of proper knowledge to man, as itself, to persevere in its being – preserving its conatus – the meeting – occursus – with yourself and with others. The study of the relationship of a man and the other leads to the conclusion that the free man is only the spiritual automaton. The free man is the necessary slave of God, who, by knowing God sive Natura, actively obey what God commands. We conclude analyzing the importance of the free man – the spiritual automaton- to build an adequate ethical behavior to the twenty-first century in this manifest existing world of absolutely interdependent relations and necessarily certain existing in act.

Keywords: Free Need. Interdependence Necessary Determined. Affective Reason. Inscribe. Spiritual Automaton.

Este artículo tiene el objetivo de verificar – según el concepto de libertad propuesto por Baruch Spinoza – cómo un hombre – uno de los infinitos modos finitos de Dios sive Natura – puede ser libre en un mundo donde todas las cosas existen y operan exclusivamente por la naturaleza de Dios, es decir, en un mundo donde todas las cosas están determinadas a obedecer a lo que, absoluta y necesariamente, Dios ordena. Para verificar cómo un hombre, un mero modo finito entre los infinitos modos finitos de Dios sive Natura en Dios por Dios, puede considerarse libre en Dios en este universo de relaciones interdependientes, absoluta y necesariamente determinadas, se estudia la obra de Spinoza, con énfasis en el Tratado de la reforma del entendimiento y en la ética.

Baruch Spinoza separa la Ética de la Moral, y pone la Moral junto con la Religión, ya que ambos sistemas, religioso y moral, imponen deberes al hombre[1]. Chaui afirma que la Ética de Spinoza

nada tiene que ver con los deberes; además, para Spinoza, quien actúa por deber no es autónomo, no es libre, actúa por mandamiento. La Ética es la definición (o presentación genética) del ser del hombre así como él es, y demuestra por qué el hombre es como es. Al proceder así, Spinoza recupera el sentido griego de ethos: modo o manera de ser[2]. (Traducción nuestra).

Chaui complementa afirmando que Spinoza elabora con su libro Ethica – Ordine Geometrico Demonstrata una refinada y precisa ontología, una lógica, una antropología y una ética demostrada geométricamente. Su libro Ética es

una ontología universal, porque es la teoría del Ser; una lógica, porque la teoría del Ser es la explicitación de la inteligibilidad de este Ser; una antropología, porque define el ser humano. Conocerse es conocer por la causa, solo se podrá conocer al hombre si se explicitan las causas de su esencia, de su existencia y de su acción. La causa de su existencia singular es la existencia de otros hombres singulares que lo producen. La causa y su esencia es Dios: el hombre es una modificación (modus) de los atributos divinos, pensamiento y extensión. La causa de su acción es su deseo[3].

Baruch Spinoza escribe un libro de ética destinado al hombre libre donde pretende, con su revolucionario concepto de lo que es ser libre y autónomo, destruir todas las ilusiones de cómo el hombre, desde siempre, conceptuó la libertad. Su pensamiento es una crítica radical al proceso imaginativo de construir explicaciones para los eventos del mundo, pues:

los hombres se equivocan al creerse libres; y el motivo de esta opinión es que tienen conciencia de sus acciones, pero ignoran las causas por las que son determinadas; por consiguiente, lo que constituye su idea de la libertad, es que no conocen causa alguna de sus acciones. Efectivamente, todos ignoran lo que es la voluntad y cómo mueve el cuerpo, y quienes se jactan de otra cosa e inventan residencias y moradas del alma suelen mover a risa o a asco. Cuando  miramos  al  sol,  imaginamos que  dista  unos  doscientos  pies  de  nosotros.   Este  error  no  consiste  en  esta  sola  imaginación,  sino  en  que,  mientras  lo  imaginamos  así,  ignoramos  su  verdadera  distancia  y  la  causa  de  esta  imaginación. Porque,  aunque  después  sepamos  que  dista  de  nosotros  más  de  seiscientos  diámetros  terrestres,  seguiremos  imaginando  que está cerca de nosotros.  Pues no imaginamos el Sol tan cerca porque ignoramos  su  verdadera  distancia,  sino  porque  la  afección  de  nuestro  cuerpo  implica  la  esencia  del  sol  tal  como  nuestro  cuerpo  es  afectado  por  él (EIIP35s)[4].

Spinoza propone que cada cosa en el universo, cada hombre, se conozca por su propia naturaleza de forma clara y distinta, es decir, se conozca adecuadamente, así como él es realmente en sí mismo. Según Chaui, Baruch Spinoza, en estos dos libros, en Ética y en el Tratado de la Reforma del Entendimiento, presenta los remedios éticos para que cada hombre sea el médico de su alma, de sí mismo por sí mismo, no guiado por la imaginación, sino guiado por la razón, que necesita ser deseante para ser racional[5]. Chaui comenta que Spinoza describe los afectos y deseos como

una red afectiva intrincada de múltiples deseos (contrarios en la pasión; concordantes en la acción) que no dependen del temperamento, sino de la disposición actual de nuestro cuerpo y de nuestra mente en cuanto constituyen un individuo singular que afecta a los otros y es afectado por ellos de numerosas maneras, conforme las circunstancias. […] En segundo lugar, Spinoza […] subraya la importancia del hábito moderador […] no como acción racional voluntaria ejercida por el deseo, sino como aptitud del cuerpo y de la mente para mantener las circunstancias que refuerzan el deseo de autoconservación y excluir las que son contrarias, que lo debilitan. […] Y acá encontramos la gran innovación de Spinoza: el deseo no es solo operación imaginativa y pasión; es un afecto originario que puede ser pasivo o activo, una pasión o una acción, y nuestra razón solo dispondrá de la capacidad moderadora si la vivimos como un afecto o un deseo activo cuya fuerza suplanta la fuerza de afectos pasivos o pasiones. Así, en vez del deseo volverse racional, como toda la tradición filosófica prometió, es la razón que necesita volverse deseante para ser racional[6].

Baruch Spinoza, en su libro De Deo de la Ética, al escribir sobre Dios compone la más incisiva y devastadora crítica del imaginario teológico-político tradicional. Con la ruptura de las bases del poder teológico-político, introduce y esculpe nuevas bases para un modelo de comportamiento ético y político sin las amarras y los dogmas de la teología[7]. Según Chaui, de este modo, Spinoza concibe y formula la ontología de la necesidad[8].

En este capítulo de Ética, Ethica Ordine Geometrico Demonstrata, Baruch Spinoza habla de dos de sus conceptos fundamentales: sustancia y causa sui. Para explicitar lo que entiende ser Dios – la única sustancia absolutamente infinita. Empieza con la definición de lo que comprende por causa de sí (causa sui): ‘por causa de sí comprendo aquello cuya esencia involucra la existencia, es decir, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente’ (EID1). Baruch Spinoza define primero lo que es causa de sí, antes mismo de nombrar qué es la causa de sí, porque necesita del concepto claro de lo que es ser causa de sí mismo, para caracterizar lo que él comprende por sustancia (la sustancia única) y lo que comprende por Dios. Spinoza propone la causa de sí mismo como el prototipo demostrativo de la verdad (realidad y perfección) de una cosa realmente existente en acto[9].

A continuación, en el mismo capítulo, Spinoza define sustancia como aquello que existe por sí y en sí, por la necesidad de su propia esencia y por la fuerza de su potencia, esencia y potencia, una sola y misma cosa: ‘por sustancia comprendo aquello que existe en sí mismo y que se concibe por sí mismo, es decir, aquello cuyo concepto no exige el concepto de otra cosa de lo que deba formarse’ (EID3).

Baruch Spinoza tiene una intención precisa con este inicio. Gilles Deleuze afirma que Spinoza, revolucionariamente, invierte el sentido que tradicionalmente se daba a la expresión ‘causa sui’, de ser una especie o ejemplo de causa eficiente, una causa por un efecto distinto. Spinoza, al entender el concepto de causa de sí como un modelo o un arquetipo de toda causalidad, presenta causa de sí como el modelo de causalidad necesaria que es fundamental para comprender el sistema ontológico de causalidad de Spinoza.

Si Dios necesariamente existe y es único y es la sustancia única, y si hay una sola y misma sustancia (Dios sive Natura) que al exprimirse, exprime el universo entero en y por sí misma, entonces, al conocer el universo de forma adecuada, el hombre puede conocer la sustancia (Deus sive Natura): cuanto más comprendemos las cosas singulares, más comprendemos a Dios (EVP24). Spinoza afirma que la naturaleza de Dios o la naturaleza de la Naturaleza se da a conocer inmediatamente al hombre (KV II xxiv)[10], que al perfeccionar su género de pensar (TdIE)[11], la conoce por intuición, directamente en el contacto con su realidad de las cosas en el mundo manifiesto (EVP24). Spinoza revoluciona cuando afirma que Dios, el universo entero y la verdad de todas las cosas no se conocerán sino por el intelecto. Afirma que Dios no será conocido por la experiencia; no será conocido por ninguna experiencia empírica, Dios no es conocido por palabras (KV II xxiv § 10, 11).

Según la Ethica Ordine Geometrico Demonstrata y el Tratactus Emendatione Intellectus – libros donde Baruch Spinoza hipostasía Dios[12] – ser libre y autónomo no significa sino actuar exclusivamente por su propia naturaleza sin el constreñimiento de otro. Al conocer, comprender y aprender el significado de Spinoza para Dios – aquel que intenta ser libre y autónomo en Dios – intelige que ser libre y autónomo significa actuar exclusivamente por su propia naturaleza, por aquello de divino que existe en ella[13]. Ser un hombre libre no significa sino ser quien él es realmente por su propia naturaleza – ser la expresión de la esencia y potencia en la sustancia única existente en sí mismo en acto en el instante presente.

Percibe el hombre, de esa forma, la necesidad de conocer su naturaleza, conociendo a sí mismo. Para conocer a si y todas las otras cosas singulares de forma adecuada y verdadera – por su esencia y potencia actual – el hombre dispone splo de su intelecto, es decir, de su inteligencia[14]. Busca, por lo tanto, aprehender, a través de ideas adecuadas, a sí y al otro, buscando entender la causa adecuada de sus afectos, de sus ideas y de sus actos. Conocer su naturaleza implica en la comprensión y aprehensión de lo que hay de divino en su propia naturaleza humana – conocer su naturaleza en cuanto ésta exprime la naturaleza de Dios, en y por Dios. Conocerse como causa adecuada de sus afectos, de sus ideas y de sus actos. Conocerse por la causa eficiente inmanente de las cosas en Deus sive Natura por Deus sive Natura[15].

El modelo de Spinoza, ontológico de causalidad necesaria, es fundamental para comprender el sistema de causalidad de los eventos y de las cosas en el orden y conexión natural en que esas cosas ocurren y operan en la Naturaleza y, con ello, comprender el significado e importancia del concepto de la palabra ‘adecuado’ y, en particular, de causa adecuada en la ontología del necesario de Spinoza. Es fundamental y necesario para la comprensión adecuada del universo y para comprender adecuadamente lo que ocurre en el momento en que la sustancia causa a sí misma, expresando a sí misma en sí misma por sí misma. Comprender como también la sustancia, por su naturaleza, en sí misma y por sí misma, se exprime necesariamente por causa(s) definida(s) y determinada(s), simultáneamente por todos sus infinitos atributos, es decir, se exprime en el pensamiento, en la extensión y en sus otros infinitos y perfectos atributos infinitos (desconocidos por el hombre), en infinitas manifestaciones, en infinitos eventos o en infinitos modos finitos, causando el universo entero de las cosas, causando todo lo que existe en el universo, en sí misma, en la propia sustancia, que es la causa última del universo entero.

Chaui afirma que la sustancia

causa de sí inteligible por sí en sí y por sí misma, la esencia de una sustancia absoluta está constituida por infinitos atributos en su género, es decir, por infinitos órdenes de realidad infinitos y simultáneos, siendo ello una esencia infinitamente compleja e internamente diferenciada en infinitos órdenes de realidad infinito. Existente en sí y por si, inteligible en sí y por sí, esencia absolutamente compleja, la sustancia es absolutamente infinita y potencia absoluta de autoproducción (pues es causa de sí) y de producción de todas las cosas (pues es causa eficiente de la esencia y de la potencia de todas ellas). La existencia y la esencia de la sustancia son idénticas a su potencia o fuerza infinita para existir en sí y por sí, para ser internamente compleja, para concebirse por sí misma y para hacer existir todas las cosas)[16].

Puede parecer un paradoja que la sustancia siendo simple, infinita e indivisible, por lo tanto, sin partes, pueda al mismo tiempo ser internamente constituida por ‘una complejidad infinita de infinitos órdenes simultáneos de realidad diferenciados’[17]. Sin embargo, no hay ninguna contradicción. Las infinitas maneras por las que la sustancia se expresa, se exprimen en ella misma, en la propia sustancia, sin modificarla de cualquier modo, no como parte(s) de esa sustancia, sino como modos infinitos o finitos en la sustancia. La sustancia (Deus sive Natura sive Vita), al conocer solo el presente, permanece inmutable, absoluta y necesariamente la misma y una sola sustancia.

Dios es la causa eficiente e inmanente de todo el universo (EIP18), todos los modos del mundo se siguen necesariamente de su esencia absolutamente infinita (EIP16), no en cuanto Dios es infinito y eterno, sino considerado como afectado en sus atributos (EIIP9). Dios, al exprimirse en los modos por sus atributos, no se separa de ellos, no les es externo: se exprime en la cosa en sí mismo y esa cosa lo exprime (EIP15). El hombre existe en la Naturaleza. Él es un modo finito en y por la sustancia: el hombre es una cosa singular determinada a existir y operar conforme le ordena la sustancia (Dios) (EIP26), porque Dios no es solo la causa por la que las cosas existen, sino también por la que perseveran en el existir (EIP24c). Dios, no como infinito o eterno, sino modificado (EIIP9), pues

ninguna cosa singular, es decir, ninguna cosa que es finita y tiene una existencia determinada, no puede existir ni determinarse a operar, a menos que sea determinada a existir y a operar por otra causa que también es finita y tiene una existencia determinada; por su vez, esa última causa tampoco puede existir ni ser determinada a operar sino por otra, que también es finita y tiene una existencia determinada, y así sucesivamente, hasta el infinito (EIP28).

Los modos finitos exprimen la esencia de la sustancia por sus atributos modificados por sus leyes eternas (EIP9), y, es exactamente por exprimirse por una afectación de la sustancia, que no es su propia esencia, de modo finito, que no puede ser la causa de su existencia ni de su duración, sino solo Dios. Solamente a la naturaleza divina pertenece el existir (EIP24c). La esencia actual de un modo finito – de un hombre, o de una piedra, o de un hacha o de un hombre llamado Pedro – su conatus, está en la dependencia (interdependencia) de los otros modos (EIP28). Se puede deducir entonces, que el hombre, la piedra, el hacha y el hombre llamado Pedro deben su existencia de hombre, de piedra, de hacha, de Pedro a Dios, en cuanto su esencia eterna e infinita y el hombre, la piedra, el hacha y el hombre llamado Pedro deben el modo determinado y definido por el que exprimen esa naturaleza de la sustancia – en un definido y determinado hombre, una definida y determinada piedra, una definida y determinada hacha, un definido y determinado hombre llamado Pedro – a Dios como sus leyes divinas exprimen, ordenan y rigen la expresión de la naturaleza, de la sustancia como cosa definida y determinada al mundo de los modos finitos, en el mundo manifiesto o en el universo, lo que depende de las cosas que existen en él (EIP28).

Dios, al causarse, causa el universo entero. Dios, al causarse, causa el universo entero – el universo entero esculpido en Dios por Dios. Dios, al causarse, esculpe el universo entero en sí mismo por sí mismo.

No hay diferencia entre afirmar que Dios se exprime y que Dios se exprime en el universo entero. La sustancia al exprimirse como la sustancia absolutamente infinita y como modo en el universo sigue las mismas leyes eternas que determinan necesariamente su expresión.[18].

El universo manifiesto es expresión de la sustancia única por sus atributos afectados por sus leyes eternas, infinitas y necesarias, según las cuales la sustancia única ordena el universo entero[19]. El universo – en cada uno de sus modos finitos – exprime de modo correcto, preciso, determinado y definido la naturaleza de la sustancia absolutamente infinita – Dios. ‘Las cosas no podrían producirse por Dios de ninguna otra manera, ni en cualquier otro orden, que no en aquella en la que se produjeron’ (EIP33).

Todos los modos finitos – la piedra, el hombre, el hacha – se siguen necesariamente de la naturaleza existente en la sustancia única. Los modos finitos, por la exclusiva necesidad de la naturaleza de Dios, se expresan y operan de una manera definida y determinada (EIP33d). Y conocer el orden y la conexión con que las cosas se siguen en la naturaleza de la sustancia [20] es la vía de acceso para conocer a Dios[21].

La causalidad divina es la causalidad necesaria, inmanente y eficiente, libre y activa, del universo entero que se sigue de la libre necesidad de su naturaleza divina. Así, se establece, consecuentemente, una relación lógico-matemática entre causa y efecto, entre el principio y su consecuencia. Chaui afirma:

la relación entre Dios y las cosas no es solo de la necesidad que preside su producción, pero es aún de la necesidad lógica que les confiere inteligibilidad absoluta. De ese modo, Spinoza demuestra la necesidad e inteligibilidad de la causa (es decir, de la potencia divina) y la necesidad e inteligibilidad de los efectos (es decir, de la esencia y existencia de las cosas)[22].

Dios no tiene ningún fin que le sea prefijado (EIap). Dios no actúa en busca de un bien o un fin (EIVpr). La Naturaleza o Dios (EIP14), el Ser Perfectísimo (KV), el ente eterno e infinito (EIVpr), cuya esencia eterna e infinita (EIP11) es una verdad eterna (EIP8s2), causa inmanente (EIP18)  y eficiente (EIP25) de sí y de todas las cosas, a cuya naturaleza pertenece el existir (EIP7), existe necesariamente (EIP11) y no contingentemente (EIP29). Dios existe necesariamente. Y, el universo entero es expresión de Dios – en Dios y por Dios. El universo entero es la expresión esculpida de Dios en Dios por Dios.

Dios, existiendo por sí (EIP7) y actuando libre y exclusivamente por sus leyes eternas y naturales, por la necesidad de su naturaleza (EIP16), sin ser coaccionado por nadie (EIP17) es la causa libre de sí y de todas las cosas en el universo, en la naturaleza (EIP17c2). Todo lo que existe, no existe de ninguna otra manera ni en ningún otro orden, sino en aquellos en que se produjeron por y en Dios (EIP33). Luego, las cosas no pueden ser sino de la manera y en el orden en que existen en la realidad (EIP33s2). Por ello, realidad y perfección son una sola y misma cosa (EIID6).

  Comprender es la mayor virtud de la mente. La virtud suprema de la mente es comprender y conocer a Dios (EIVP28d). El sumo bien es el conocimiento de la unión de la mente con la naturaleza entera (TdEI § 12). El hombre que conoce, comprende y aprehende su esencia-potencia en la naturaleza de la sustancia tiene un conocimiento adecuado de la esencia eterna e infinita de Dios (EIVP36s), desea ser feliz, actuar y existir bien. Ese hombre desea ser, actuar y vivir, es decir, existir en acto (EIVP21), en Dios (EIP15): ese hombre es de su raza divina; él vive, se mueve y existe en Dios (como dijo Paulo – Biblia de Jerusalén – Hechos de los Apóstoles 17, 24-28). Y desea al otro el mismo bien que busca para sí mismo, ser feliz en Dios, y esto será mayor cuanto mayor sea su conocimiento de la naturaleza de la sustancia (EIVP37). Ese es el supremo bien de la mente (EIVP28), la suprema felicidad, y cuanto mayor sea la alegría de afectar a un determinado hombre, mayor su realidad y perfección. Así, él, y el otro, con quien divide su conocimiento de Dios, necesariamente, participan de la naturaleza (EIVp45s). Don Garret afirma que

los individuos, que son virtuosos o conducidos por la razón, buscarán todos, a causa de su propio autointerés, los mismos bienes para el otro que él busca para sí mismo (EIVP37). En efecto, en la medida en que una comunidad de seres humanos es conducida por la razón, sus miembros pueden ‘componer como que una sola mente y un solo cuerpo’ (EIVP18s) – es decir, un individuo complejo que tiene su propio esfuerzo de autopreservación, compuesto por seres humanos mentalmente semejantes [like-minded][23].

El hombre que se conoce adecuadamente comprende que su bien supremo es el conocimiento intelectual de la sustancia o el conocimiento del amor de Dios. Ese conocimiento es común a todos los hombres y todos los hombres pueden disfrutarlo igualmente (EIVP36). Por ello, el hombre libre, por conocimiento adecuado de la naturaleza de las cosas, vive conforme los dictámenes de su razón e intuición (EIVP67). Jamás actúa con dolo, por actuar activamente por la razón, por su propio autointerés, actúa de buena fe (EIVP72). Revela su virtud cuando evita los peligros y cuando los enfrenta (EIVP69). Evita a lo(s) hombre(s) que ignoran los dictámenes de la razón y que viven según las imágenes creadas por su imaginación (EIVP70).Vive entre iguales, con otro(s) hombre(s) regido(s), como él, por los dictámenes de la razón, a quienes les agradece (por el encuentro y por la relación de composición que realizan) (EIVp71). Se une a ese hombre, en lo más estrecho y profundo natural lazo de amistad (EIVP35c1), esforzándose para hacerles el bien (EIVP37). Así, logra, sin renunciar a cualquier de sus derechos naturales consecuentes de su naturaleza humana en la sustancia, con la fortaleza de su carácter, con firmeza y generosidad, vivir armónicamente con lo(s) otro(s) hombre(s) (EIVP73).

Baruch Spinoza revoluciona el concepto de libertad y autonomía con la metáfora del autómata espiritual. Un hombre no es libre sino cuando esclavo necesario de los eternos decretos divinos que todo ordenan. Siendo hombre es el automaton spirituel, el intelecto es el automa spirituel. El intelecto es la espontaneidad de formar pensamientos verdaderos por su propia naturaleza y sus leyes. Por lo tanto, la idea adecuada y verdadera no se determina por ningún factor externo al propio intelecto, sino por su propia naturaleza, por sus leyes intrínsecas (vis natura).

Constituir la mente no es sino la idea de una cosa singular existente en acto (EIIP12), la mente y la idea de un modo singular es una sola y misma cosa (EIIP13). Así, Baruch Spinoza cambia la percepción tradicional de que el intelecto es una cosa preexistente (ejemplo: intelecto sensible, agente y pasivo de Tomas de Aquino) y de ser el formador o el constructor de ideas. Spinoza sustenta y comprueba que el intelecto son las ideas de las afecciones de un hombre (del cuerpo del hombre) en la extensión. Son las ideas que constituyen el intelecto; el inteligible no precede la intelección, la propia idea es el intelecto. Como afirmó Gilles Deleuze, hay más imposición de la idea sobre el intelecto que intelecto sobre la idea: las ideas ocurren y forman el intelecto[24].

Baruch Spinoza define libre como ‘la cosa que existe exclusivamente por la necesidad de su naturaleza y que por sí solo es determinada a actuar’ (EID7). Y, en la misma definición, aclara que ‘se dice necesaria, o mejor dicho, coaccionada, aquella cosa que se determina por otra a existir y a operar de modo definido y determinado’ (EID7).

El autómata espiritual percibe que ser libre es ser necesario. Comprende que el acto libre es el acto necesario. El único acto que es realmente libre, aquel que existe y actúa exclusivamente por su propia naturaleza, es absolutamente el mismo que se deja ser totalmente coaccionado por lo divino que existe en su naturaleza. El hombre libre activamente se deja ser total y necesariamente coaccionado a ser, a moverse, a vivir y a existir en la Naturaleza o Dios, de modo definido y determinado por los eternos e infinitos decretos divinos que le ordenan a ser el hombre que él es realmente, en sí mismo, en acto, en y por Dios.

El automaton spirituel se realiza cuando es totalmente coaccionado por las eternas leyes necesarias y divinas que lo ordenan: se realiza cuando es esclavo espontáneo (activo) y necesario de Dios. El acto realmente libre y autónomo es el acto necesario en y por Dios. El hombre libre obedece a su naturaleza, es decir, el hombre libre obedece necesariamente a lo que Dios ordena[25].

Spinoza utiliza dos metáforas para la descripción del ser del hombre: el autómata espiritual, el hombre que sigue u obedece a las necesarias leyes divinas de su naturaleza (TdIE § 85) y, el autómata totalmente desprovisto del pensamiento, aquel hombre ciego por previos conceptos a los que se aferra, aquel que ni de sí mismo tiene conciencia clara (TdIE § 47), por tanto, con quien no se puede argumentar y llegar a cualquier verdad o adecuación de las cosas (TdIE § 48).

Entre esos dos autómatas flotaría el modo que el hombre actúa. En el primer caso, el autómata espiritual, por obedecer necesariamente a las leyes de su naturaleza, el hombre es libre y autónomo, expresando lo divino que existe en él, que él conoce adecuadamente. En el segundo, el autómata desprovisto de entendimiento, por estar completamente perdido en sus fantasmas o en sus imágenes de las cosas que, por pura ignorancia de la esencia o causa de las cosas, sin verificación, cree ser la verdad existente, sin saber que lo que piensa ser la verdad no es sino su verdad, tiene una vida incompleta y deja de expresar su real y divina naturaleza en y por Dios.

Levy, que para esas metáforas utiliza los términos ‘autómata espiritual’ y ‘autómata desprovisto de alma’, aclara sobre el ‘autómata espiritual’:

la aplicación de la metáfora del autómata espiritual para el caso del alma humana empieza a tomar forma desde el momento en que el entendimiento y la imaginación se comprenden como si fueran sometidos a ciertas reglas firmes e invariables, y que la voluntad, en cuanto facultad absolutamente indeterminada de afirmar y de negar, se excluye como instancia constitutiva del conocimiento, tanto divino, como humano. Todo conocimiento, bien sea verdadero o falso, debe explicarse por una especie de mecanismo de ideas y la distinción entre verdadero y falso debe reenviar una distinción de orden y de leyes[26].

Levy complementa que

la respuesta no está, evidentemente, en la alternativa entre estar o no sometido a leyes, pues, en ambos casos, se trata de autómatas. La distinción entre las leyes del entendimiento y las leyes de la imaginación también no es suficiente en ese caso, puesto que, aunque se admita una variación de grado, el autómata espiritual estará siempre, por poco que sea, sometido a las leyes externas que determinan la imaginación. Los autómatas desprovistos de alma no son solo hombres obnubilados por los prejuicios, así como el autómata espiritual antes de la ‘reforma’ [enmienda – medicina] de su entendimiento, sino ente que resiste a toda cura, pues, si les prueban algo, no saben si el argumento prueba o falla (TdIE § 48). El autómata enteramente desprovisto de alma es un caso limite que, como tal, no debe participar del diálogo racional: ‘[…] de modo que al final deben callarse (adeò ut tandemdebeant obmutescere)…’ (TdIE § 47); o aún, ‘[…] no debe hablar con ellos sobre las ciencias (cum ipsis non est loquendum de scientiis)…’ (TdIE § 48)[27].

La diferencia está en el hecho de que el autómata espiritual, por haberse “curado” por la enmienda de su intelecto, lo que conoce como el entendimiento, por sus tres diferentes géneros, realmente ocurre: la imaginación (por nociones vagas de las cosas), la razón (por nociones comunes de las cosas) y la intuición (por nociones esenciales o eternas de las cosas). Por conocerlos, sabe que ningún de esos modos es equivocado o falso, al contrario, existen como expresión real de la naturaleza humana en diferentes grados de entendimiento, realidad, perfección y, por tanto, de verdad.

 El autómata espiritual, el esclavo de las leyes con las que Dios ordena el universo entero, sabe que los tres modos de entendimiento llevan a grados diferentes de conocimiento. Por ejemplo, la imaginación no produce entendimiento equivocado, pero conocimientos mutilados, confusos e incompletos. Como es autómata espiritual, por haber reformado su inteligencia, sabe que si quiere conocer adecuadamente una cosa singular en acto, por su esencia actual, necesariamente necesita seguir investigando la busca de la causa próxima (adecuada) que explique de modo claro y preciso su actual existencia como la cosa es en su perfecta realidad[28].

El autómata sin mente actúa y existe por imaginación; el autómata espiritual actúa y existe por utilización de la razón y de la intuición. El autómata espiritual entiende las cosas por una razón afectiva. Razón que, por ser afectiva, lo hace entender las cosas adecuadamente (incluso y, principalmente, sus afectos) en Dios para, entonces, actuar y existir por racionalismo absoluto, por la necesidad de su propia naturaleza, buscando en el encuentro con el otro una relación de mutua composición. Es decir, una relación equilibrada y armónica de mutuo respeto a sus propias naturalezas en Dios. El resultado de ese tipo de encuentro lleva al aumento mutuo de la potencia de actuar y de la fuerza de existir, conatus, de la esencia y de la potencia actual para, aumentar la energía y potencia, más necesaria y adecuadamente perseverar, en cuanto en sí, su propio ser en una relación de composición (democrática) con el otro.

El hombre libre – un hombre llamado Gabriel libre en su gabrielidad – serena, necesaria, espontánea y tranquilamente obedece a lo que la naturaleza divina le ordena. El hombre libre y autónomo es, está, opera, se mueve, vive y existe por las leyes con las que la naturaleza ordena el universo entero de los modos. Libre y autónomo, sin miedo y sin esperanza, existe, vive y actúa en el eterno presente sempiternamente presente en acto en el instante presente. Unidad en la totalidad de Dios, el hombre vive, se mueve, actúa y existe en Dios por Dios

Si el hombre piensa por el primer género de entendimiento, por imaginación, tiene ideas inadecuadas y necesariamente padece (EIIIP1) y es esclavo (siervo) de sus pasiones (EIIIpr). Es el autómata sin alma o sin mente. Y, en esto no hay nada equivocado.

Si el hombre conoce, comprende y aprende cada idea de cada cuerpo o cosa singular existente en acto por su esencia eterna e infinita en Dios (EIIP45), la mente humana tiene un conocimiento adecuado de la esencia eterna e infinita de Dios (EIIP47). El conocimiento es adecuado y perfecto (EIIP46). Tiene ideas adecuadas de las cosas singulares existentes en acto, así, ese hombre necesariamente actúa (EIIIP1) obedeciendo a lo que Dios le ordena. Él no padece más. Él es libre y autónomo. Es el esclavo necesario de Dios o Naturaleza. Él es el autómata espiritual. Y en esto no hay nada equivocado.

[1]CHAUI, M. Espinosa. Trad. Marilena Chaui e cols. 3 ed. São Paulo: Abril Cultural, 1983, p. XIV e CHAUI, M. Política em Espinosa.1 ed. São Paulo: Companhia das Letras, 2009, p. 14.

[2]CHAUI, M. Espinosa. p. XIV. (Traducción nuestra).

[3]CHAUI, M. Espinosa. p. XIV. (Traducción nuestra).

[4] ESPINOSA, B.Ética. Trad. Tomaz Tadeu. 2 ed. Belo Horizonte: Autêntica, 2008. Cursivas del autor del artículo.

[5] CHAUI, M.Desejo, Paixão e Ação na Ética de Espinosa.1 ed.São Paulo: Companhia da Letras, 2011, p. 58. Creo que la expresión utilizada por Chaui “por la razón que necesita ser deseante” podría o debería sustituirse por por la razón que necesita ser afectiva. En lugar de una razón deseante, una razón afectiva que lleve al hombre a buscar entender los afectos por aquello que ellos son realmente, por su propia naturaleza en Dios, por sus leyes infinitas y eternas (leyes divinas).

[6] CHAUI, M. Desejo, Paixão e Ação na Ética de Espinosa, p. 58-59. (Traducción nuestra)

[7] CHAUI, M. Política em Espinosa, p. 95 e CHAUI, M. A Nervura do Real. 3 ed. São Paulo: Companhia das Letras, 1999, p. 901 e p. 60.

[8] CHAUI, M.1999, A Nervura do Real, p. 931.

[9] DELEUZE, G. Espinoza e os Signos. Trad. Abílio Ferreira. 1 ed. Porto: Rés Editora, 1970, p. 59 e CHAUI, M.A Nervura do Real, p. 563.

[10] ESPINOSA, B. Breve Tratado de Deus, do homem e seu bem-estar. Trad. Emanuel fragoso e cols. 1 ed. Belo Horizonte: Autêntica, 2012.

[11] ESPINOSA, B. Tratado da Reforma da Inteligência. Trad. Lívio Teixeira. 2 ed. São Paulo: Martins Fontes, 2004.

[12] El verbo hipostasiar se utiliza en el sentido de conferir realidad a una idea o metáfora. Spinoza confiere realidad a Dios.

[13] ESPINOSA, B. Ética. Spinoza escribe en el prólogo de De Natura Et Origine Mentis en la Ética: “Ahora explicaré aquellas cosas que deben seguirse necesariamente de la esencia de Dios, es decir, de la esencia del ente eterno e infinito. Aunque tengamos demostrado, por EIP16, que de ella deben seguirse infinitas cosas, de infinitas maneras, no explicaré, en verdad, todas, sino solo aquellas que puedan conducirnos, como si fuera por la mano, al conocimiento de la mente humana y de su beatitud suprema” (Traducción nuestra).

[14] Para Spinoza, intelecto e inteligencia no son sino una sola y misma cosa.

[15] CHAUI, M.A Nervura do Real,p. 755.

[16]CHAUI, M. Política em Espinosa, p.96. (Traducción nuestra). Esa sustancia – que a su naturaleza pertenece el existir, que existe necesariamente, que es absolutamente infinita y eterna, que es simple por ser indivisible, que es compleja por contener en ella, desde siempre, todo lo que expresa por su y en su naturaleza – esa sustancia única absolutamente infinita es Dios.

[17] CHAUI, M. Política em Espinosa, p. 96. Por EIP14c1, Dios es único. “[…] no existe en la naturaleza de las cosas, sino una única sustancia […] que es absolutamente infinita […]”. Por EIP15, “todo lo que existe, existe en Dios, y sin Dios, nada puede existir ni ser concebido.”. Es decir, por EIP14c2, “[…] la cosa extensa y la cosa pensante o son atributos de Dios o son afecciones de los atributos de Dios.”. Dios es absolutamente simple, pero contiene en sí el universo entero. (Traducción nuestra).

[18]CURLEY, E. Spinoza’s Metaphysics: An Essay in Interpretation.1 ed. Cambridge: Harvard University Press, 1969, p. 63.

[19] CHAUI, M. A Nervura do Real, p. 67.

[20] De emendatione significa conocer o investigar en el orden debido. Spinoza con su Tratado de la Reforma del Entendimiento propone conocer el orden de las cosas conforme sus conexiones eternas y necesarias – conocer la actividad causal de los atributos. Como el orden y la conexión de las ideas son lo mismo que el orden y conexión de las cosas; conocer el orden de la causalidad adecuada de las cosas en la extensión es conocer el orden lógico verdadero de las ideas de las cosas en el pensamiento y viceversa.

[21] CHAUI, M. A Nervura do Real, p. 597.

[22] CHAUI, M. Política em Espinosa, p. 100 e 101 e CHAUI, M.A Nervura do Real, p. 598. (Traducción nuestra).

[23] GARRETT, D. Spinoza. Trad. Cassiano Terra Rodrigues. 1 ed. Aparecida, SP: Ideias e Letras, 2011, p. 347. (Traducción nuestra).

[24] DELEUZE, G. Cursos sobre Spinoza. Trad. Emanuel Fragoso e cols. 2 ed. Fortaleza: EdUece, 2012, p.30.

[25] El verbo ordenar se usa en dos sentidos: decretar y organizar.

[26] LEVY, L. L’automate spirituel- la naissance del sjectivité moderne d’après l’Ethique de Spinoza. 1ed. Assen, Pays-Bas: Van Gorcum & Comp, 2000, p. 29. (Traducción nuestra).

[27] LEVY, L. L’automate spirituel- la naissance del sjectivité moderne d’après l’Ethique de Spinoza, p. 30. (Traducción nuestra).

[28] Spinoza no afirma que una idea imaginaria o una imagen de una cosa es una idea equivocada, se refiere a las ideas imaginarias como confusas imágenes de las cosas por un conocimiento incompleto de esa misma cosa. Spinoza en EIIP41, afirma: “El conocimiento de primer género es la única causa de falsedad, mientras el conocimiento de segundo género y el de tercer género es necesariamente verdadero”. Sigue en la demostración: “decimos que pertenecen al conocimiento de primer género todas aquellas ideas que son inadecuadas y confusas [no utiliza la palabra equívoco]; y, como consecuencia (por EIIP35), ese conocimiento es la única causa de falsedad. Decimos, además de eso, que pertenecen al conocimiento de segundo y tercer género aquellas ideas que son adecuadas, y, por tanto (por EIIP34), este conocimiento es necesariamente verdadero”. En EIIP42 hay: “el conocimiento de segundo y tercer género, y no el primero, nos enseña a distinguir el verdadero del falso”. (Traducción nuestra).